Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir - Conferencias (2022)

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos bendiga en esta ocasión, nos hable directamente a nuestra alma, nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Felicidades a José Benjamín Pérez, Benjie, que cumple mañana años; y también feliz cumpleaños Billy, William Pérez, que cumplió años ayer. Que Dios les bendiga grandemente, les prospere espiritualmente y materialmente, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. Y también a todos los que están cumpliendo años en estos días.

Como Embajador de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz quiero agradecer y felicitar a todos los voluntarios que participaron en la 3ra. Maratón Internacional de Donación de Sangre: “En la Sangre está la Vida. Donando la savia de la vida.” Esta campaña ha sido un éxito total: fueron recolectadas 47.156 unidades efectivas de sangre.

Esto ha sido en todos los países de la América Latina, en donde se ha llevado a cabo la donación de sangre voluntaria. Tenemos aquí la lista de la donación de sangre de cada país, y queremos recibir el documento de parte de los Bancos de Sangre de cada país, para tenerlos como evidencia de la cantidad que cada país ha obtenido, para presentarlo en el video del próximo domingo; por lo tanto, envíen, los coordinadores envíen copia y luego el original de esas certificaciones del Banco o la Cruz Roja con la cual o con el cual ustedes llevaron a cabo la donación de sangre.

Pero más allá de las cifras, sentimos una gran satisfacción y alegría al saber que por cada unidad de sangre estamos salvando cuatro vidas. Este acto de amor de todos los Activistas, se verá reflejado en la salud de miles de personas. A todos los voluntarios: Gracias por su esfuerzo, y juntos continuaremos trabajando por la paz de la familia humana.

En el transcurso de la semana tendremos en la página de la Embajada, el video con el resumen de esta campaña internacional de donación de sangre. Los invito a seguir nuestras actividades en la página de la Embajada:

www.embajadadeactivistasporlapaz.com

Hay buenas noticias en la página para todos estos días.

El próximo domingo daremos los números exactos de la donación de sangre. Colombia va al frente. ¡Felicitaciones, Colombia!

Por favor envíen los documentos correspondientes de la certificación de la cantidad de donaciones que tuvieron en cada país. Así que esperamos que el coordinador de cada país lo envíe lo más pronto posible, para tenerlo en la grabación para el próximo domingo, y también tenerlo en la página lo más pronto posible.

Estén visitando la página, porque de un momento a otro saldrá en la página de la Embajada de Activistas por la Paz. Estamos esperando que nos llegue esa información para hacer la publicación en la página de la Embajada. Si mañana ya tenemos todo, ya lo más pronto posible estará en la página de la Embajada.

Buscamos nuestras Biblias en Hebreos, capítulo 13, versos 11 al 16…

En la página de la Embajada, durante la semana tendremos sorpresas también, otras sorpresas, para todos los que estarán visitando la página de la Embajada de Activistas por la Paz.

Hebreos, capítulo 13, versos 10 al 16, nos dice:

“Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.

Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.

Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;

porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.”

Tomamos el verso 14 que nos dice: “porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir,” o sea, la Nueva Jerusalén.

“PORQUE NO TENEMOS AQUÍ CIUDAD PERMANENTE, SINO QUE BUSCAMOS LA POR VENIR.”

A través de la Escritura Dios nos habla de una ciudad permanente cuyo Arquitecto es Dios. Esa ciudad permanente está señalada en la Escritura por el nombre de la Nueva Jerusalén: La Nueva Jerusalén, la Ciudad del Dios vivo, la Ciudad de Dios. Dice capítulo 11, versos 10 de Hebreos:

“…Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”

Abraham esperaba esa ciudad, esa ciudad celestial que está prometida para todos los creyentes en Cristo. Nos dice el capítulo 12 de Hebreos, versos 22 en adelante, dice:

“…Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahora, nos hemos acercado al Monte de Sión, a la Ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, la ciudad que buscaba Abraham. Esa ciudad celestial de la cual habla la Escritura en el capítulo 21 del Apocalipsis, donde dice:

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.”

Esa ciudad existe en otra dimensión, a esa ciudad es a donde irán los creyentes en Cristo; y encontramos que Dios hace grandes promesas con relación a esa ciudad. Capítulo 3 de Apocalipsis dice, verso 12:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

La ciudad de nuestro Dios tiene el Nombre de Dios, el Nombre de Cristo; y Él tiene un Nombre Nuevo.

Hay países que ustedes verán que tienen el nombre de alguna persona, algunas ciudades, y aun pueden haber países también. Y la ciudad de nuestro Dios, la Nueva Jerusalén, tiene el Nombre de Dios, la ciudad que buscaba Abraham. Y para pertenecer a esa ciudad, para entrar a esa ciudad, dice el capítulo 21 del Apocalipsis, versos 21 en adelante… Apocalipsis 21, verso 21 en adelante, dice:

“Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.

Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.

Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.

Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.

Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.

No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.”

¿Quiénes entrarán a esa ciudad? Los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero; porque esa es la ciudad para los creyentes en Cristo: la ciudad que buscaba Abraham.

Aun miren, en esta ciudad estará reflejada la Iglesia del Señor Jesucristo, pues vean… el verso 12 dice… verso 9 dice [capítulo 21]:

“Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.

Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.

Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel…”

Ahora vean, esa ciudad tendrá nombres escritos en ese muro alto; y como tiene diferentes colores el muro, en cada una de esas partes estará un nombre de un patriarca.

“…y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.”

Vean, el muro tenía los nombres de los apóstoles; en las puertas de la ciudad, los nombres de los doce patriarcas.

Esta ciudad, dice el reverendo William Marrion Branham que brota de la tierra allá en el Medio Oriente; y los habitantes vienen del Cielo luego del Reino Milenial. Luego del Juicio Final es que vienen del Cielo todos los creyentes que estarán en el Cielo, descenderán a ese monte alto que surgirá; y ahí se establecerá el Reino eterno de Dios. Y vendrá a ser, el planeta Tierra, el planeta desde el cual Dios gobernará el universo completo, será el Distrito Federal del Gobierno de Dios.

Por eso el planeta Tierra es tan importante en el Programa Divino y por eso colocó en la Tierra a cada simiente Suya; y la Venida del Mesías, dos mil años atrás, ocurrió en el planeta Tierra también.

Y por cuanto los hijos e hijas que Adán y Eva tenían que traer serían los hijos e hijas de Dios, esos atributos Divinos en el pensamiento de Dios, que serían las personas que estarían con Cristo eternamente como reyes, sacerdotes y jueces, y tenían que venir con vida eterna; pero por causa del pecado allá en el Huerto del Edén, hubo una brecha ahí. Y aunque aparentemente hemos llegado con… aparentemente con un atraso de cuatro mil años comenzaron a llegar los hijos e hijas de Dios, los que formarían el Gabinete del Mesías, eso no es ningún problema para Dios; ya está resuelto con la Primera Venida de Cristo, el segundo Adán, a través del cual vendrían los hijos e hijas de Dios a manifestación en esta Tierra.

Y la segunda Eva es la Iglesia del Señor Jesucristo, para Cristo —por medio de Su Iglesia— reproducirse en hijos e hijas de Dios; y eso es una nueva raza con vida eterna, una raza que vendrá a tener cuerpos glorificados, cuerpos eternos como Jesucristo, el cual ya está glorificado y está sentado en el Trono de Dios como Sumo Sacerdote, haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su Salvador. Y así ha ido formando Su Iglesia.

Cada creyente en Cristo nacido de nuevo, ha entrado al Reino de Dios en la esfera espiritual en que se encuentra. Como le dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede entrar al Reino de Dios.” Nicodemo no comprendió (allá en el capítulo 3 de San Juan, versos 1 al 6) y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto?, ¿puede el hombre ya siendo viejo o mayor…? ¿Cómo puede hacerse esto?, ¿puede entrar en el vientre de su madre y nacer?” Él lo tomó en forma literal.

Pero Cristo le explica: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua (o sea, del Evangelio) y del Espíritu (del Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.”

Y toda persona que no entra al Reino de Dios no entrará tampoco a la ciudad de nuestro Dios, la Nueva Jerusalén, la ciudad permanente cuyo Artífice y Constructor es Dios. Es la ciudad de nuestro Dios, por eso en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios…”

O sea, lo hará una persona importante; como en el tiempo de los apóstoles San Pedro y San Pablo, cuando San Pablo fue a Jerusalén envió a San Pedro y a Jacobo, de los cuales él dice, y a Santiago, de los cuales él dice que eran las columnas de la Iglesia, las personas claves o importantes de la Iglesia.

Y aquí, en este pasaje, que le hará una columna, le hará… le hará una columna, le hará columna en el Templo de Dios; o sea, que le hará una persona importante en la Casa de Dios, en el Templo de Dios.

El Templo de Dios como Cuerpo Místico de creyentes es la Iglesia del Señor Jesucristo; y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, es bautizada en agua en Su Nombre, y luego Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, esa persona ha entrado al Reino de Dios, y por consiguiente ha entrado a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, de ese Templo espiritual donde está el Nombre de Dios.

Es importante saber que todos los que reciben a Cristo como Salvador y nacen de nuevo, forman parte de la ciudad celestial, son los miembros de la ciudad celestial.

En el capítulo 9, versos 18, dice [Hebreos]:

“De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre.

Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo,

diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado.

Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio.

Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.

Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;

y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.”

Vean, no hay remisión de pecados, no hay purificación, sin derramamiento de sangre; y fue necesario que aquellos tipos y figuras que vemos con los sacrificios de animalitos se cumplieran en Cristo para la purificación de las cosas celestiales, de los hijos e hijas de Dios; porque son celestiales, están sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús y con Cristo Jesús Señor nuestro.

Es que los creyentes en Cristo al nacer de nuevo, por cuanto el nuevo nacimiento no es terrenal sino del Cielo, al nacer del Cielo son celestiales, están en lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro, han recibido el Espíritu celestial, el Espíritu Santo, y han obtenido el nuevo nacimiento; han nacido en el Reino de Dios, son hijos e hijas de Dios por medio del segundo Adán y la segunda Eva, por medio de Cristo y Su Iglesia. A través de Su Iglesia, Cristo se está reproduciendo en hijos e hijas de Dios. Está sucediendo lo que sucedió con Jesucristo.

Encontramos que primero se tiene que nacer en el Reino de Dios en el campo espiritual, o sea, recibir el Espíritu de Dios, el cuerpo espiritual o angelical, como está escrito: que Dios daría un nuevo espíritu y un nuevo corazón, y haría un Nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. Bajo ese Nuevo Pacto están todos los creyentes en Cristo que han nacido en el Reino de Dios; han sido colocados en el Reino de Dios, y por consiguiente tienen vida eterna, y no perecerán jamás.

El mismo Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30: “Yo soy el buen pastor; y el buen pastor su vida da por las ovejas.” San Juan, capítulo 10.

Y el capítulo 10, versos 27 al 30, dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

“El Padre y yo, una cosa somos.”

Por lo tanto, se recibe la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

“Yo y el Padre uno somos.”

En el capítulo 14, le dice a Felipe: “Felipe, tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y todavía no me has conocido? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?”

Así como usted está constituido alma, espíritu y cuerpo, así encontramos a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En Jesucristo estaba la plenitud de la Divinidad: Padre, Espíritu Santo, Hijo. Era nada menos que Dios velado en carne humana, era nada menos que Emanuel, Dios con nosotros, visitando la raza humana, la familia humana, para salvarnos.

Si Él no venía, la humanidad completa tenía que morir en el tiempo en que murió Jesucristo. Él vino para salvar al mundo.

Y ahora, encontramos que la primera parte, el nacimiento de los hijos e hijas de Dios en el campo espiritual, se ha estado llevando a cabo por estos últimos dos mil años desde el Día de Pentecostés hacia acá. Así como primero era el Verbo, el Espíritu Santo, el cuerpo teofánico de Dios; y después el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, Dios por medio del Ángel del Pacto creó una célula de vida en el vientre de María, y se formó el cuerpo físico de Jesús, que es la semejanza física de Dios; y la imagen de Dios es el cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, lo cual es Cristo en Su cuerpo angelical, por lo cual Él podía decir: “Antes que abraham fuese, yo soy.”

Eso no era comprensivo a la mente de los que vivieron en aquel tiempo; pero era la verdad. Hay cosas que no comprendemos pero las creemos, porque son la Palabra del Señor; y esperamos, como le dijo Cristo a Pedro: “Lo que no entiendes ahora lo entenderás después.” [San Juan 13:7]

Y ahora, como ciudadanos celestiales, que tenemos una ciudad permanente celestial, esperamos con paciencia en la Venida del Señor para nuestra transformación. Y los que ya partieron esperan la Venida del Señor a la dimensión sexta, al Paraíso, para un juicio que se llevará a cabo allí, de los mensajeros, y luego Él vendrá con todos esos creyentes que están en el Paraíso, vendrá, los resucitará en cuerpos físicos y glorificados, y eternos y jóvenes, y a los que estemos vivos nos transformará. Para eso es la Segunda Venida de Cristo, la Venida de Cristo a Su Iglesia. Él es el que toca la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta.

Capítulo 3 de Filipenses, dice, verso 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo…”

Nuestra ciudadanía como creyentes en Cristo es celestial, es del Cielo. También tenemos una ciudadanía terrenal, del país donde hemos nacido por medio del nacimiento físico, por la unión de papá y mamá; pero por la unión de Cristo y Su Iglesia el nacimiento es del Cielo, es celestial; y la ciudadanía que obtiene la persona de ese nacimiento es del Cielo, es celestial, es de la Nueva Jerusalén, de la ciudad de nuestro Dios, donde está escrito el nombre de cada uno de los que componen la Iglesia del Señor Jesucristo. Así como en el país donde la persona nació está en el registro de los vivientes el nombre de la persona.

El nacimiento más importante es el nuevo nacimiento, el espiritual; y tener el nombre registrado en el Cielo es lo más importante para cada creyente; porque los que están escritos en esa sección del Libro de la Vida del Cordero, nunca pueden ser borrados.

Hay otra sección en el Libro de la Vida, de la cual los nombres pueden ser borrados; pero la sección de los primogénitos, de los que han nacido de nuevo, de los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, nunca pueden ser borrados.

Cristo dijo: “Y nadie los puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Cristo nos dice: “Y no perecerán jamás.” No se pueden perder. Cuando se comportan mal, pasan por problemas, el Padre celestial los castiga, como castiga el padre (que ama a sus hijos) a sus hijos.

Hay leyes en la tierra donde usted nació, leyes establecidas por el Gobierno, las cuales tienen que ser obedecidas, cumplidas; y cuando las personas no las cumplen están pecando contra su país.

Y en el Cielo, en la ciudad de nuestro Dios, hay Leyes para los ciudadanos de la ciudad de nuestro Dios, para los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo. Hay Leyes celestiales que están establecidas en la Palabra de Dios; y las Leyes están para ser cumplidas, y de forma voluntaria, por el libre albedrío que tenemos; y con amor y dedicación.

Algunas veces fallamos, y eso significa que si no nos damos cuenta a tiempo y no confesamos a Cristo a tiempo las cosas, el apóstol Pablo dice: “Hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros porque toman la Santa Cena indignamente.” Pero para que no seamos juzgados con el mundo, dice que somos castigados por Dios para ser corregidos. [Primera de Corintios 11:29-32]

Algunas personas, cuando más se acercan a Dios es cuando están en problemas económicos o problemas de salud o cualquier otro problema; pero no debe ser así. Debe ser: cuando no tienen problemas también estar bien agarrados del Señor. Jacob se agarró del Ángel porque tenía un problema mayor, estaba en juego su vida.

Recuerden, no debemos esperar vernos en problemas para agarrarnos bien del Señor; sino debe ser una delicia, una felicidad, poder estar bien agarrados de nuestro Señor, todos los días.

“PORQUE NO TENEMOS AQUÍ CIUDAD PERMANENTE, SINO QUE BUSCAMOS LA POR VENIR.”

En el campo espiritual nuestros nombres están escritos en esa ciudad, en el Libro de la Vida del Cordero, y pertenecemos a esa ciudad: hemos nacido de y en esa ciudad; y vamos a estar en esa ciudad viviendo eternamente.

Y cuando esté esa ciudad en la Tierra, ahí yo voy a estar. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también; porque tenemos una ciudad permanente en los Cielos, llamada la Nueva Jerusalén, pero que tiene un Nombre, la Nueva Jerusalén tiene un nombre: es el Nombre Eterno de Dios. La ciudad de nuestro Dios tiene el Nombre de Dios, que será también el Nombre Nuevo del Señor; y de lo cual no hemos querido explicar mucho para evitar que surjan imitaciones.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra…”

¿Para qué Él viene? ¿Para qué lo esperamos? Dice: “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra.” Lo esperamos para recibir de Él nuestra transformación, para eso es Su Venida. Y esa será la adopción del cuerpo, la redención del cuerpo, la redención o adopción nuestra, físicamente, como hijos e hijas de Dios; con cuerpos espirituales, angelicales, y cuerpos físicos glorificados, como el cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo. Seremos como Él.

“…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya…”

La semejanza física, la semejanza del cuerpo glorificado que Él tiene, será la misma que tendremos nosotros; y eso será literalmente luego una nueva raza. En el campo espiritual es una nueva raza (en el campo espiritual) que está en el proceso para, pronto, físicamente también ser una nueva raza con cuerpos glorificados, cuerpos eternos, cuerpos inmortales como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

¿Y cómo y con qué lo va a transformar para darnos ese nuevo cuerpo? Dice:

“…por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Él tiene el poder para llevar a cabo esa labor.

Y así como por medio del Espíritu Santo Dios creó un cuerpo físico, creando una célula de vida en el vientre de María, vean, Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, ha estado llevando a cabo una nueva creación, primero a imagen de Jesucristo, y luego será a semejanza de Jesucristo. A imagen: con cuerpos angelicales, cuerpos teofánicos; y luego a semejanza física: esto es con cuerpos glorificados, cuerpos eternos; y esto es para todos los creyentes en Cristo. Lo cual, está muy cerca de completarse el Programa de esa nueva creación, de esa nueva raza, que será de bendición de parte de Dios para la familia humana.

Serán muchos iguales a Jesucristo. Y eso es lo que necesita este planeta Tierra, eso es lo que necesita la humanidad: muchos hombres y mujeres iguales a Jesucristo, a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador.

Ya estamos cerca a que se complete y esté bien…, esté preparado el Cuerpo Místico de Cristo para recibir a Cristo en Su Venida; porque Él viene por Su Iglesia-Novia.

Estemos preparados, nuestras vidas arregladas con Dios, esperando Su Venida; el cual “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya,” sea semejante al cuerpo glorificado que Él tiene.

Y todo esto es así para los creyentes en Cristo porque no tenemos ciudad aquí en la Tierra, permanente; no tenemos ciudad aquí permanente, sino que buscamos la por venir, la eterna.

Y ahí yo voy a estar muy pronto. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Porque es para todos los creyentes en Cristo que lo han recibido como Salvador, han sido bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido el nuevo nacimiento en esas personas.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado; sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Recuerden que el que no nazca de nuevo del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.

Necesitamos entrar al Reino de Dios; por lo cual necesitamos recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre, y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego, y producir en nosotros el nuevo nacimiento.

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino. Pueden pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente donde se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Todos queremos vivir eternamente en la ciudad de nuestro Dios: la Nueva Jerusalén; y vamos a vivir allí, porque lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador. Vamos a dar unos minutos mientras los que están en diferentes países también pasan al frente para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante es la vida. Sin la vida, no hay existencia de la persona en esta Tierra; sin la vida, las demás cosas no tienen valor; porque la persona no existe en este planeta Tierra. La vida es un don, un regalo Divino, el más preciado regalo que Él nos ha dado.

Y más que la vida física, la vida eterna es lo más grande que Dios nos ha dado; y ha sido por medio de Cristo nuestro Salvador, el cual tiene la exclusividad de la vida eterna para otorgarla al que lo recibe como único y suficiente Salvador.

En una ocasión las personas que no querían venir a Cristo, Él dijo: “No queréis venir a mí para recibir vida eterna.” [San Juan 5:40] Para recibir la vida eterna es que venimos a Cristo, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

Recuerden que Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Mi Padre y yo somos uno.” “Uno,” dice Cristo.

Por eso decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” [San Juan 14:9]

Es importante conocer estas cosas de la Biblia para saber quién es nuestro Salvador: Jesucristo, y cómo obtener la vida eterna; porque todos queremos vivir en la ciudad permanente, la Ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén.

Y ahí yo voy a estar y voy a ver a todos los que van a estar allí. O sea, ¿a quiénes voy a ver, de los que conozco? A todos ustedes que están aquí presentes, y que están en otros países también. Vamos a estar puestos de pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo venimos a Ti. Padre, te alabamos y glorificamos, y te damos gracias por Tus bendiciones. Padre, mira a todas las personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en esta ocasión. Recíbeles en Tu Reino, dales vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Haz una realidad, Señor, la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Hazla una realidad en mi vida. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantados a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuando me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón: bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes en nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Aunque es tipológico y simbólico, porque el que recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando lo sumerge el ministro en las aguas bautismales, está siendo sepultado tipológicamente; y cuando lo levantan de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Aun Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; aunque Juan no lo quería bautizar, y le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y descendió el Espíritu Santo sobre Jesús, luego de ser bautizado por Juan el Bautista.

Por lo tanto, si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia, ¡cuánto más nosotros! Desde el Día de Pentecostés en adelante, miles o millones de personas han recibido a Cristo como Salvador y han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor. Y todavía siguen siendo bautizados miles o millones de personas que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que lo han recibido como Salvador en estos momentos aquí presentes, o en otros países. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes aquí, al ministro José Benjamín Pérez, para continuar y finalizar. Y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua a los que han recibido a Cristo como Salvador; y luego concluya.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “POR QUÉ NO TENEMOS AQUÍ CIUDAD PERMANENTE, SINO QUE BUSCAMOS LA POR VENIR:” LA NUEVA JERUSALÉN. Y hemos visto cómo buscarla y cómo la vamos a encontrar.

Que Dios les bendiga a todos y les guarde. Y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“PORQUE NO TENEMOS AQUÍ CIUDAD PERMANENTE, SINO QUE BUSCAMOS LA POR VENIR.”

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Author: Domingo Moore

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